“Praga es el fruto de tanto esfuerzo y sacrificio”, entrevista con Franco Burna

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Entrevista por Vanesa Mollo.

La una de la tarde y Franco Burna, de 20 años, termina de dar una de esas tantas clases de pole dance y elongación en la escuela Art Dance Studio. Un poco cansado por tener que volver a la rutina, pero con una sonrisa en su rostro saluda a sus alumnas.

Aún con la mirada llena de magia, acaba de volver de Praga en donde obtuvo el primer lugar en el Mundial de Pole Theatre, se dirige a la casa Art Dance, ubicada en la misma escuela. Atravesando algunos pasillos y subiendo por las escaleras, la cocina es el lugar ideal para la entrevista, además de que el olor a comida está en el ambiente, está por almorzar.

Franco nació en Entre Ríos, desde chico empezó a bailar y estudiar danza. Este bailarín cuenta que a los 11 años se vino a la Ciudad de Buenos Aires -junto con su madre- para estudiar en el Teatro Colón, y emprender una nueva vida.

¿Cómo fue que llegaste al Colón?

Me encantaba bailar, mi profesora en Entre Ríos me inscribió para rendir en el teatro y dijo: “Franco vas a rendir al Colón, vas a entrar”. Me acuerdo que rindieron 360 personas y quedamos 15. Cuando llegó la carta, en donde decía que había quedado seleccionado, mi mamá sienta a toda la familia en la mesa y dice: “Yo me voy con Franco a Buenos Aires y el resto se queda acá”. Sin mediar, sin filtro, sin nada, lo que diga mi papá no importaba, la decisión la tomó y fue así.

Con horarios que perfectamente le corresponderían más a un adulto que a un niño de 11 años, su día iniciaba a las 5.30 de la mañana, en donde desde las 7 cursaba en el Teatro Colón hasta las 12. Luego, por la tarde, era el turno de los estudios, por lo que hasta las 18 iba al colegio. Y su día finalizaba a las doce de la noche asistiendo a un ensayo en el teatro o a alguna clase particular, según el día.

¿Cómo sobrellevaste toda esa carga horaria?

Buenos Aires es un lugar muy diferente a lo que es provincia, es la selva de cemento, los chicos de mi edad son muy diferentes a lo que son acá. En provincia estás acostumbrado a estar en una escuela en la cual hay un patio enorme, al lado hay un campo, en frente está la casa de tu abuela o de tu tío, está todo muy cerca; es una vida más libre. Y acá yo me acuerdo que entraba al colegio y era un edificio que tenía rejas en la ventana y me sentía en una cárcel. No tenía muchas amistades porque no me sentía identificado con los chicos de acá, y a su vez, tenía una rutina que me demandaba demasiado tiempo, y pasaba que hablaban de juntarse y yo no podía porque tenía que ir al Colón o tenía un ensayo y no había chance de que yo cancele eso por tener mi infancia.

¿Cómo fue estar lejos de tu familia?

Fue un año muy difícil y de mucha lucha y llegaba un momento en que decía: “Yo no quiero esto, quiero vivir, quiero volver con mi familia”, extrañaba mucho y viajamos todos los fines de semana. Tuve muchos altibajos durante todo ese año, hasta ponía de excusa que no me gustaba bailar, ni la carrera y que quería volver.

Quizás cualquier madre hubiese respondido a los caprichos o excusas de su hijo, pero la madre de este joven bailarín, sabía que tenía que apoyarlo y empujarlo. “Extrañar siempre se va a extrañar, estés donde estés, pero las oportunidades pasan una sola vez y si las dejas pasar, ya no vas a poder subir y el mismo tren pasa una sola vez”, fueron las palabras de apoyo y consuelo que su madre le expresó.  A medida que relata su historia, se puede percibir la sensación de tranquilidad que sintió, y siente, al momento de repetir esas palabras.

Me tranquilizaba y me decía a mí mismo que tenía que esperar, y siendo tan chico dudaba, pero después de grande me di cuenta de que mi mamá tenía, y tiene, razón. Que hay que espera, aprendí a ser pacientey la verdad que cuando uno estas en estas situaciones difíciles pensas que no vas a salir adelante, y en cinco minutos o al día siguiente sucede algo que nunca lo esperabas y ya está.

¿Viajaban para Entre Ríos seguido?

Mi papá en su momento tenía camiones y mi mamá trabajaba con él arriba del camión: ella manejaba mientras dormía mi viejo y después al revés y así sucesivamente. Entonces conocíamos lo que era la vida en la ruta; en ese momento era muy complicado y muy caro viajar todos los fines de semana en colectivo, esto fue en el 2007. Yo salía del colegio los viernes a las 18 y mi mamá me pasaba a buscar; cuando nos alcanzabas las monedas íbamos con el Chevallier hasta Zarate, y sino hacíamos dedo en la salida de los camiones de Retiro. Cómo esta anécdota tengo muchas más. A veces pasábamos situaciones muy difíciles, una vez nos íbamos a Berazategui a la casa de unos tíos y recuerdo que nos tomamos el colectivo en Constitución. Yo me subo y me voy a los últimos asientos y veo que mi vieja se queda para pagar el boleto enfrente, y en momento se agarra la cara y se pone a llorar, yo veía desde lejos y no entendía que era lo que pasaba. Había sido que le faltaba dos pesos para el boleto y una mujer de atrás se los dio. Cuando mi vieja vuelve se sienta al lado mío y le digo: “Mamá quédate tranquila que el día de mañana esto va a quedar como una anécdota”.

Franco hace una semana llegó de Praga, un viaje que nunca va a olvidar, ni su madre tampoco. En el avión, cuando estaban por despegar su madre le recordaba buenas y malas experiencias que vivieron, pero a pesar de todo a él ha empezado ver las cosas de una forma completamente diferente.

Contame de Praga ¿Cómo fue que aplicaste para competir en el primer mundial de Pole Theatre?

La verdad que este viaje fue inolvidable, lo disfruté mucho porque pude estar con mi vieja. Era vivir cada segundo a flor de piel, porque era la mejor compañía que podía tener en ese momento. Tuve la posibilidad de competir en Praga porque este año participé de la segunda edición del Pole Theatre Argentina, y como gané primer puesto en la categoría élite y el overall – mejor truco y calidad artística- con eso clasifiqué para el Pole Theatre World. Y bueno, durante el viaje, y después de haber competido y resultar ganador del mundial, mi vieja me decía que le llamaba la atención conla tranquilidad con la que yo afrontaba las cosas. Hoy en día me pongo a pensar y acordarme cuando decía que yo no quería más esto y que no tenía más ganas, y que cuando yo quería aflojar mi mamá me decía: “El día de mañana todo este esfuerzo y sacrificio va dar un fruto inmenso”. Y así fue, Praga es el fruto de tanto esfuerzo y sacrificio.

Mucha gente se emocionó con tu performance ¿Qué historia contabas?

La historia que representaba era la de un bailarín que se retiró de la danza, pero nadie supo por qué. Él sufrió un accidente y no pudo bailar más, hay bailarines que se retiran enojados con la vida porque no pueden seguir haciendo lo que los llena. Muchos caen en pozo depresivos, llenos de tristezas y algunos se retiran bien, diciendo “bueno acá llego el momento en el que ya cumplí el ciclo”. Mi historia tenía mucho de eso, porque quería plasmar lo que siente un bailarín, lo que siente cualquier persona que se dedica a lo que le gusta y por una cuestión u otra no lo puede seguir haciendo. Bueno, el bailarín sufre un accidente, no puede volver a bailar como lo hacía antes y entonces directamente desaparece, hasta que un día dice: “Yo tengo que cerrar este ciclo y tengo que volver a intentarlo”. Ahí es cuando va a una sala, en dónde no hay nadie, y se pone a bailar. Empieza a bailar, se siente bien hasta que en un momento empieza a recordar el accidente y comienza a dolerle la pierna, entra en un pozo depresivo, en crisis, y tiene una mezcla de enojo, frustración, tristeza; hasta que dice:“No, esto no va a dejar que yo cierre mi ciclo”. Y ahí es cuando va al pole fijo, la parte de la fuerza, dela lucha y cuando termina la coreografía lanza un suspiro, cuelga las zapatillas en el pole: ya está, se cerró el ciclo.

Fue mucha emoción, porque fue una historia que me representaba mucho, por ejemplo, Shaina Cruea, que estaba de jurado, viene y me dice que no paraba de llorar porque se sentía muy identificada con la historia. Ella en su momento fue bailarina y no sé bien porque, pero se empezó a dedicar al pole y dejo la danza de lado.

¿Cómo estás ahora?

Estoy cansado pero tranquilo, ya me relajé y ahora tengo que empezar a pensar la coreografía para el Sudamericano. La verdad que fue una experiencia única e inolvidable, me encantó poder vivirlo con mi mamá, justo en el día de la madre, que mejor regalo para una madre que haber ganado el campeonato mundial y decir: “Gracias, esto lo hice por vos, porque moviste cielo y tierra por esto”. Estoy muy agradecido por todas las personas que me apoyaron, en especial a Mara Latasa Saloj y a Lucio Sorichetti, porque me ayudaron muchísimo, la vedad que ellos estuvieron, están y estarán en todo momento siempre; son dos personas que la verdad se merecen todos.

A pesar de lo difícil que ha sido su vida, hoy con 20 años, Franco Burna es campeón mundial del Pole Theatre World, y deja como enseñanza de nunca hay rendirse a pesar de todas las dificultades que se tengan que afrontar. Ya sin tiempo para almorzar, el retirado bailarín del Teatro Colón saluda con una sonrisa y con sus recuerdos frescos en la memoria, a tal punto, de que cuando los relataba sus ojos peleaban por no llorar de felicidad y de gratitud.

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